El jefe de finanzas del Vaticano será juzgado por supuesta pederastia

Roma, 02 de mayo del 2018.- El eclesiástico de más rango hasta el momento acusado de abusos sexuales, el cardenal George Pell, mantendrá su excedencia. Así lo ha confirmado el portavoz de la Santa Sede, Greg Burke, que ha emitido un comunicado ante la noticia de que un tribunal australiano ha encontrado suficientes evidencias como para abrir un juicio formal contra el jefe de finanzas del Vaticano.


“La Santa Sede toma nota de la decisión de las autoridades judiciales en Australia sobre su eminencia, el cardenal George Pell”, escribió el portavoz de la Santa Sede. “El año pasado, el Santo Padre le concedió una excedencia para que pudiese defenderse por sí mismo de las acusaciones –añadió-. Esta disposición sigue válida”. El papa Francisco dijo que no comentaría sobre estas acusaciones hasta que el proceso haya terminado.


El juicio, decidido por la jueza del tribunal de Melbourne, Belinda Wallington, es resultado de un proceso preliminar que comenzó a principios de marzo por las “múltiples” acusaciones de presuntas agresiones sexuales a menores, que él niega rotundamente. El número de acusaciones están bajo secreto de sumario. Medio centenar de presuntas víctimas y testigos han testificado a puerta cerrada.

El proceso será especialmente doloroso para el papa Francisco. Pell, de 76 años, no sólo es el tercer funcionario de más alto rango en el Vaticano. También es uno de los más fieles consejeros del Pontífice argentino, pese a su línea teológica conservadora -es muy contrario a asuntos como la eutanasia o el matrimonio gay-. En el 2014 Bergoglio le escogió para liderar el equipo de transparencia que arrojase luz a las cuentas vaticanas. “El cardenal Pell es uno de los mayores hombres de la Iglesia que Australia jamás ha tenido”, dijo el ex primer ministro australiano, Tony Abbott.


Acusaciones


Su reputación se ha visto manchada en los últimos años por acusaciones según las cuales habría abusado sexualmente de menores cuando era sacerdote en la ciudad de Ballarat, a finales de los años 70, y como arzobispo de Melbourne, entre 1996 y 2001. La magnitud de los casos de presuntos abusos en Australia es terrible: una investigación ordenada por el Gobierno en el 2012 sobre agresiones cometidos a menores entre 1950 y 2010 concluyó que el 7% de los curas han sido acusados de pederastia. Según la Comisión Real que lo investigaba, la Iglesia católica australiana recibió quejas de 4.500 personas por presuntos abusos a menores cometidos por unos 1.880 miembros de la institución.


Pell abandonó el Vaticano el año pasado para ir a Australia a “limpiar” su nombre, pero prometió regresar a Roma. El proceso judicial comenzó después de que el cardenal declarara en tres ocasiones como testigo en febrero del 2017 ante la Comisión Real que investigaba la respuesta de las instituciones a los abusos sexuales. Entonces, el cardenal Pell reconoció que había “fallado” en su gestión de los curas pedófilos en el estado de Victoria en los años 70, pero la Comisión no abrió una investigación sobre los presuntos casos de pederastia del jefe de finanzas del Vaticano, que él rechaza. “Soy inocente de todos los cargos, son falsos”, dijo en una rueda de prensa en Roma el 29 de junio de 2017, antes de regresar a su país natal.


Un momento muy delicado


La apertura del juicio formal de Pell llega en un momento muy delicado. En este momento se encuentran en Roma los tres principales acusadores del obispo chileno Juan Barros, quien presuntamente encubrió los abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima en la década de los ochenta. El papa Francisco fue muy criticado por defender a Barros durante su reciente viaje a Chile, y después de recibir el informe de su enviado especial para abusos sexuales, el arzobispo de Malta Charles Scicluna, pidió perdón a las víctimas. Este fin de semana les ha escuchado en el Vaticano y mañana está prevista una rueda de prensa para que las tres víctimas chilenas expliquen su conversación con Bergoglio.

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