Las matemáticas siempre te acompañarán

Las matemáticas nos rodean, penetran en nosotros y mantienen unida la galaxia.


Bueno, posiblemente, en este punto algún físico esté apretando los dientes mientras masculla que lo que mantiene unida a una galaxia en realidad es la gravedad producida por todo aquello que vemos en ella y por un nada desdeñable puñado de materia oscura. Pero no iba yo a permitir que la Física me estropeara un principio tan peliculero para mi artículo. (La autora de deja de teclear y baraja la posibilidad de borrar la última frase ante la posible avalancha de físicos indignados pero decide finalmente seguir adelante, nunca fue cobarde).


Sí, igual me he venido un poco arriba con lo de mantener unida la galaxia pero de lo que nadie dudará es que lo que sabemos de la misma se predijo y se confirmó gracias a las matemáticas. En cualquier caso, no hemos venido aquí a hablar de cosmología, ni siquiera de Star Wars. Hemos venido a hablar de matemáticas en la vida cotidiana o, como se suele decir, hemos venido a hacer un Umbral; quiero hablarle de mi nuevo libro.


Hace unos días, César Tomé, gran divulgador, químico y, sin embargo, amigo, decía que el mismo contenía “canapés delicatessen matemáticos”. Cito textualmente a César porque podría parecer (y lo sería) presuntuoso por mi parte llamar delicatessen a lo que escribo. Eso lo tendrá que juzgar usted cuando lo lea. Si lo lee. Lo que sí es cierta y ajustada es la definición de canapés matemáticos, en tanto y en cuanto, el libro es un ramillete de capítulos independientes, en lenguaje accesible para todos (creo y espero), sin demasiada profundidad científica (estoy segura de ello), con absoluto rigor (eso siempre), en los que se trata de descubrir y disfrutar de las matemáticas que nos rodean constantemente sin que, a veces, seamos conscientes de ello. Hay fórmulas, sí (desoyendo aquello tan famoso que decía el editor de Hawking sobre la proporcionalidad inversa entre el número de estas y el de compradores del libro), pero pocas y bien explicaditas. Igual me equivoco, ojalá no, pero creo que es un libro accesible para cualquier niño, de 14 a 120 años, que tenga curiosidad por entender el mundo.

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